Antes de que la montaña fuera un lugar de ocio y aventura, fue una barrera y una ruta. Los pasos de montaña eran las arterias de la historia: por ellos circulaban ejércitos, mercancías, ideas y peregrinos. El senderismo moderno tiene su origen más profundo en esa necesidad humana ancestral de cruzar el terreno más difícil para llegar al otro lado.
Ötzi y los primeros caminantes de los Alpes
En septiembre de 1991, dos excursionistas alemanes encontraron en los Alpes del Tirol el cuerpo de un hombre muerto hace 5.300 años. Ötzi, como lo bautizó la prensa, llevaba consigo un equipo de supervivencia sorprendentemente sofisticado: un hacha de cobre, un arco de tejo, flechas con puntas de sílex, un abrigo de piel de cabra y calzado de cuero relleno de hierba seca como aislante térmico.
Ötzi murió en un paso alpino a 3.200 metros de altitud. No era un accidente: estaba equipado para caminar por la montaña. Su descubrimiento demostró que los seres humanos del Neolítico ya utilizaban los pasos alpinos con regularidad, probablemente para comerciar entre los valles del norte y del sur de los Alpes.
Las rutas comerciales de la Antigüedad
Los Alpes, los Pirineos, el Cáucaso y el Himalaya fueron obstáculos que las civilizaciones antiguas aprendieron a cruzar porque al otro lado había algo que necesitaban. La Ruta de la Seda atravesaba los pasos del Pamir y el Karakorum a más de 4.000 metros; por ellos viajaban seda, especias y porcelana durante siglos. El ámbar báltico llegaba al Mediterráneo cruzando los Alpes por rutas que los romanos después pavimentarían.
Los romanos fueron los primeros en sistematizar el cruce de montañas con una red de calzadas: el Gran San Bernardo (2.469 m) y el Mont Genèvre (1.854 m) eran pasos alpinos con mansiones (casas de postas) donde los legionarios y viajeros descansaban.
El cruce de Aníbal: la mayor hazaña militar en montaña
En el año 218 a.C., el general cartaginés Aníbal Barca ejecutó la operación militar más audaz de la Antigüedad: cruzar los Alpes en otoño con 38.000 soldados de infantería, 8.000 jinetes y 37 elefantes de guerra para atacar Roma desde el norte, evitando el control cartaginés del Mediterráneo.
El cruce duró quince días. Las nieves prematuras, las avalanchas y los ataques de las tribus galas alpinas diezmaron al ejército. Aníbal perdió la mitad de sus tropas y casi todos sus elefantes antes de llegar al valle del Po. Pero lo consiguió: la sorpresa estratégica fue total y durante más de quince años dominó el norte de Italia.
La ruta exacta de Aníbal es uno de los grandes debates de la historia clásica. Las teorías más aceptadas señalan el Col de la Traversette (2.947 m) o el Col de Clapier en los Alpes franco-italianos.
Las peregrinaciones medievales: el Camino de Santiago
La Edad Media convirtió la caminata larga en práctica religiosa. El Camino de Santiago fue durante los siglos XI al XIV la ruta de peregrinación más concurrida de Europa, llevando a cientos de miles de personas al año desde toda Europa hasta la tumba del apóstol en Santiago de Compostela.
El Camino Francés cruzaba los Pirineos por el puerto de Roncesvalles (1.057 m) o por Somport (1.632 m). La infraestructura que generó fue enorme: hospitales de peregrinos, puentes, ermitas, posadas. La guía del peregrino medieval Codex Calixtinus (siglo XII) es el primer texto en español que describe una ruta de montaña con detalle de tiempos, distancias y servicios.
Ese espíritu peregrino nunca desapareció. El Camino de Santiago recibe hoy más de cuatrocientos mil peregrinos al año, más que en cualquier momento de la Edad Media. El senderismo contemporáneo lleva impresa, sin saberlo, la huella de todos esos caminantes medievales que pusieron un pie delante del otro durante semanas para llegar a una ciudad al final del camino.