Hay fechas que cambian la historia sin que quienes las protagonizan lo sepan. El 8 de agosto de 1786 es una de ellas. Ese día, un médico de Chamonix y un guía local pusieron el pie en la cima del Mont Blanc por primera vez. No lo sabían, pero estaban fundando un deporte que en los siglos siguientes llevaría a millones de personas a los rincones más altos y remotos del planeta.
El contexto: la Ilustración mira a las montañas
Durante siglos, las montañas fueron vistas con temor y superstición. Los Alpes eran para las poblaciones locales fuente de peligros: aludes, grietas, bestias desconocidas. Los viajeros los cruzaban lo más rápido posible por los pasos conocidos. Nadie se le habría ocurrido subir a las cimas por placer.
El cambio llegó con la Ilustración y el movimiento romántico del siglo XVIII. Los intelectuales europeos comenzaron a ver en la naturaleza salvaje una fuente de sublimidad y conocimiento científico. Los naturalistas empezaron a explorar los Alpes para estudiar su geología, su meteorología y su flora.
Horace-Bénédict de Saussure, científico y aristocrata ginebrino, fue uno de los primeros en mirar al Mont Blanc y querer subir. En 1760, con veintiún años, visitó Chamonix y quedó fascinado por la montaña más alta de los Alpes. Ofreció entonces una recompensa económica sustancial a cualquiera que encontrara una ruta viable hasta la cima o que la ascendiera.
Veintiséis años de intentos fallidos
La recompensa activó la exploración sistemática del macizo. Durante los siguientes veintiséis años, varios alpinistas aficionados y guías locales intentaron alcanzar la cima sin éxito. El Mont Blanc los rechazó una y otra vez: el frío extremo, la altitud, la nieve y el hielo y la falta de técnica frustraban cada intento.
El propio De Saussure hizo varios reconocimientos, sin llegar a intentar la cima. Otros, como el doctor Marc-Théodore Bourrit, intentaron diversas rutas. El Mont Blanc parecía invencible.
Paccard y Balmat: la ascensión histórica
Michel-Gabriel Paccard era un médico de Chamonix apasionado de la montaña. Jacques Balmat era un cazador y guía de montaña local conocido por su resistencia y su conocimiento del terreno. Juntos partieron el 7 de agosto de 1786 desde Chamonix con el objetivo de alcanzar la cima.
El 8 de agosto de 1786, a las 18:23 horas, Paccard y Balmat se convirtieron en los primeros seres humanos en pisar la cima del Mont Blanc, a 4.808 metros de altitud. La ascensión duró más de catorce horas de marcha real. Ambos sufrieron quemaduras solares graves, las manos de Paccard quedaron dañadas por el frío y la nieve cegó temporalmente a Balmat. Pero lo habían conseguido.
Desde Chamonix, el científico Marc-Théodore Bourrit los observó con un telescopio. Al día siguiente, toda Europa sabría que el Mont Blanc había sido coronado.
De Saussure cobra su recompensa (vicariamente)
Apenas dos días después, De Saussure llegó a Chamonix. Pagó la recompensa a Balmat y se preparó para repetir la ascensión él mismo. Lo hizo el verano siguiente, el 3 de agosto de 1787, acompañado por Balmat y un grupo numeroso. Pasó cuatro horas en la cima realizando experimentos científicos, tomando medidas meteorológicas y barométricas. Su relato publicado, Voyages dans les Alpes, difundió la conquista del Mont Blanc por toda Europa y catalizó el interés por la alta montaña.
La controversia sobre el mérito
Durante décadas, una amarga disputa oscureció la historia del primer ascenso. Marc-Théodore Bourrit, rival de Paccard, publicó relatos que minimizaban el papel del médico y atribuían el mérito casi íntegramente a Balmat. Paccard, hombre reservado que no escribió sus propios relatos, murió sin que su papel fuera reconocido justamente.
La investigación histórica del siglo XX rehabilitó su figura. Hoy, la estatua en la plaza de Chamonix representa a ambos: Balmat señalando la cima, Paccard mirando hacia arriba. Juntos, como lo hicieron aquel agosto de 1786.
El legado: Chamonix, capital del alpinismo
El primer ascenso al Mont Blanc convirtió a Chamonix en el centro mundial del alpinismo, estatus que mantiene hoy. El valle atrae anualmente a cientos de miles de alpinistas, senderistas y corredores de montaña. El propio Mont Blanc puede ascenderse por la vía normal (F, fácil en la escala alpina) en dos días desde los refugios, aunque más de cien personas mueren en el macizo cada año por errores de juicio y condiciones meteorológicas extremas.
La montaña que Paccard y Balmat conquistaron en 1786 sigue siendo la misma: bella, poderosa y potencialmente mortal.