La historia del alpinismo femenino en los ochomiles es un relato de resistencia doble: contra la montaña y contra los prejuicios de una disciplina que durante décadas fue considerada territorio exclusivamente masculino. Las mujeres que abrieron esas puertas lo hicieron con la misma combinación de técnica, determinación y aceptación del riesgo que sus contemporáneos masculinos, con el añadido de tener que demostrar que eran capaces.
Los primeros hitos: de Tabei a Rutkiewicz
El 16 de mayo de 1975, Junko Tabei se convirtió en la primera mujer en el Everest (8.849 m). Lo hizo doce días después de que un alud la sepultara parcialmente en el Campamento II, a 6.300 metros. Su guía sherpa tuvo que sacarla de debajo de la nieve con las manos. Tabei, con contusiones en todo el cuerpo, insistió en continuar.
En 1978, Wanda Rutkiewicz, la alpinista polaca más importante de la historia, se convirtió en la primera mujer en el K2 (8.611 m), la segunda montaña más alta y considerada la más técnicamente difícil de los ochomiles. Rutkiewicz fue durante los años 80 la alpinista de alta montaña más conocida del mundo. Murió en 1992 intentando el Kangchenjunga.
En 1984, Sharon Wood se convirtió en la primera mujer norteamericana en el Everest. En 1990, Lydia Bradey, neozelandesa, reclamó haber subido el Everest sin oxígeno —lo que la convertiría en la primera mujer en hacerlo—, aunque la ascensión fue inicialmente cuestionada.
Edurne Pasabán: los catorce de una vasca
Edurne Pasabán nació en 1973 en Tolosa, Gipuzkoa. Comenzó a escalar de adolescente en los montes vascos y progresó hacia el alpinismo de alta montaña en los años 90. En 2001, coronó el Everest en su primera expedición a un ochomil. El proyecto de completar los catorce no era entonces un objetivo explícito: fue tomando forma ochomil a ochomil.
El camino de Pasabán hacia los catorce estuvo marcado por la adversidad. En 2006, durante el descenso del K2, sufrió una congelación grave que la llevó a perder varios dedos de los pies. Los cirujanos le recomendaron no volver a la alta montaña. Pasabán volvió al año siguiente.
La carrera hacia el decimocuarto ochomil se convirtió en 2009-2010 en una competición mediática con la coreana Oh Eun-sun, que también estaba cerca de completar la colección. Oh Eun-sun declaró haber completado los catorce antes que Pasabán, pero su ascensión al Kangchenjunga fue cuestionada por la comunidad alpina internacional: las fotografías no mostraban la cima real de la montaña.
El 17 de mayo de 2010, Edurne Pasabán alcanzó la cima del Shishapangma. Era la primera mujer en completar los catorce ochomiles de manera verificada. España entera la recibió como heroína nacional.
El récord de velocidad femenino
El récord de velocidad para completar los catorce ochomiles en categoría femenina lo tiene la nepalesa Naima Khatoon, aunque los debates sobre clasificaciones y verificación hacen compleja la comparación entre distintas alpinistas.
La bangladesí Wasfia Nazreen y la americana Vanessa O’Brien también han completado los Siete Cumbres (las cimas más altas de cada continente), un objetivo relacionado aunque diferente al de los ochomiles.
El futuro: el alpinismo femenino sin techo
En las últimas dos décadas, el alpinismo femenino de alta montaña ha dado pasos de gigante. Las diferencias de rendimiento entre hombres y mujeres en el alpinismo técnico son mucho menores que en las pruebas de velocidad: las exigencias de técnica, gestión del riesgo y tolerancia psicológica al estrés extremo no tienen diferenciación de género.
Cada año, más mujeres completan ascensiones técnicas de alta dificultad, abren vías nuevas en las grandes paredes del mundo y establecen récords en velocidad. El alpinismo femenino no necesita ya demostrar nada: se habla por sí solo desde las cimas de los ocho mil metros.