El descenso técnico es uno de los elementos que más diferencian al trail running del running convencional y una de las habilidades que más tiempo tarda en desarrollarse. Bajar una montaña corriendo por un sendero lleno de piedras, raíces, barro y cambios de dirección requiere una combinación de técnica, valentía, agilidad y confianza en el terreno que solo se construye con muchos kilómetros de práctica específica. Muchos corredores que son excelentes en subida pierden tiempo significativo en las bajadas precisamente porque no han trabajado esta habilidad de forma deliberada.
La técnica correcta de descenso técnico tiene varios componentes que trabajan conjuntamente. La mirada debe proyectarse varios metros por delante del pie de apoyo para anticipar el terreno y tomar decisiones antes de llegar a cada obstáculo. El centro de gravedad debe mantenerse bajo, con las rodillas ligeramente flexionadas, para poder reaccionar rápido ante terreno irregular. La colocación del pie sobre las piedras debe ser activa y decidida, no dubitativa, porque los apoyos intermedios e inseguros son precisamente los que generan torceduras. Los brazos abiertos actúan como contrapesos dinámicos en cada cambio de dirección.
En las pruebas de larga distancia, la gestión del esfuerzo en los descensos técnicos es una decisión estratégica de primer orden. Un corredor que baja muy agresivamente en la primera mitad del recorrido puede adelantar muchas posiciones pero llega a la segunda mitad con los cuádriceps tan dañados que no puede mantener ni el paso en los últimos kilómetros. Los ultratraileros más experimentados aprenden a dosificar la intensidad de los descensos, especialmente los que saben que tienen otros grandes descensos técnicos al final del recorrido. Esta gestión muscular a largo plazo es una de las habilidades más sofisticadas del ultra trail.