El drop bag es una de las herramientas logísticas más valoradas en los ultras de larga distancia y su correcta preparación puede marcar la diferencia en la segunda mitad de la carrera. Al no poder llevar todo el material necesario durante muchas horas en la espalda, el corredor delega parte de su equipamiento en la organización, que se encarga de transportarlo hasta un punto específico del recorrido. Esta posibilidad de «reabastecerse» a mitad de carrera es lo que permite a muchos corredores afrontar distancias extremas con mayor comodidad y seguridad.
La preparación del drop bag es un arte en sí mismo. Los corredores experimentados anticipan sus necesidades en el punto concreto del recorrido: si el drop bag está en el kilómetro 70 de un 160, el corredor sabe que ha pasado por la noche, que probablemente tiene los pies mojados y que el cansancio acumulado hace que la comida habitual de trail le resulte menos apetecible. Por eso en ese punto puede tener preparada la comida favorita de su casa, zapatillas secas y ropa de abrigo para las horas nocturnas que aún quedan.
Hay un aspecto psicológico importante en los drop bags que los corredores veteranos conocen bien: llegar al punto de drop bag puede ser un momento de bajón si el corredor se detiene demasiado tiempo y pierde el ritmo de carrera. Los expertos recomiendan preparar el drop bag de forma que el acceso al material sea rápido y eficiente, hacer el cambio de ropa y material en menos de cinco minutos y salir del avituallamiento antes de que el cuerpo se enfríe y la mente empiece a buscar razones para no continuar.