La condromalacia rotuliana es el reblandecimiento y deterioro progresivo del cartílago que recubre la cara posterior de la rótula. Es una lesión que puede desarrollarse de forma silenciosa durante meses y que, cuando produce síntomas, lo hace con un dolor difuso y profundo en la rodilla difícil de localizar con precisión. En corredores de montaña, los descensos son el principal agravante.
El cartílago patelofemoral: una estructura sometida a alta presión
El cartílago de la rótula es uno de los más gruesos del organismo (hasta 6-7 mm en su zona central) y uno de los más sometidos a carga durante la actividad física. Cuando la rodilla se flexiona, la rótula aumenta progresivamente su contacto con el fémur y la presión en la articulación patelofemoral puede alcanzar varias veces el peso corporal.
En el descenso de pendientes, esta presión es especialmente alta porque el cuádriceps trabaja en contracción excéntrica para controlar el descenso, manteniendo la rodilla en flexión sostenida con alta carga. Un descenso técnico de 1.000 metros de desnivel negativo puede implicar decenas de miles de flexiones de rodilla bajo carga, un estímulo que con el tiempo puede dañar el cartílago si la biomecánica no es óptima.
Grados de condromalacia y qué esperar
La clasificación de Outerbridge divide la condromalacia en cuatro grados:
- Grado I: reblandecimiento y edema del cartílago, sin fisuras. Generalmente asintomático o con dolor leve
- Grado II: fisuras superficiales de menos de 1,5 cm. Dolor con el esfuerzo prolongado
- Grado III: fisuras profundas que llegan al hueso subcondral pero no lo exponen. Dolor más constante y limitación en bajadas y escaleras
- Grado IV: exposición del hueso subcondral. Dolor importante, crepitación y posible efusión articular
La resonancia magnética con secuencias específicas de cartílago (T2-mapping, dGEMRIC) permite evaluar el grado real de daño, aunque la artroscopia sigue siendo el estándar diagnóstico definitivo.
Diferencia con el síndrome patelofemoral: una distinción importante
El síndrome patelofemoral y la condromalacia comparten síntomas pero son entidades distintas:
Síndrome patelofemoral: diagnóstico funcional. El dolor se debe a un deslizamiento incorrecto de la rótula por debilidad muscular o alteraciones biomecánicas. El cartílago puede estar intacto. Con el tratamiento correcto, el pronóstico es excelente.
Condromalacia: diagnóstico estructural. Hay daño físico en el cartílago. El tratamiento puede frenar la progresión y mejorar los síntomas, pero no repara el cartílago dañado. El pronóstico depende del grado.
Un corredor con dolor anterior de rodilla de larga evolución que no responde al tratamiento habitual debe plantearse si hay condromalacia subyacente, ya que el manejo puede diferir en algunos aspectos.
Tratamiento conservador: frenar la progresión
El objetivo del tratamiento conservador no es curar el daño ya existente, sino proteger el cartílago restante y reducir los síntomas:
Fortalecimiento muscular: el cuádriceps y el glúteo absorben parte de la carga que de otro modo recae directamente sobre el cartílago. El trabajo excéntrico de cuádriceps (step-down, sentadilla excéntrica) y el fortalecimiento de glúteo medio son los pilares del tratamiento. Los ejercicios en cadena cinética cerrada (sentadillas) son preferibles a las extensiones de rodilla en máquina, que generan más presión patelofemoral.
Modificación de la actividad: reducir temporalmente los descensos técnicos y sustituirlos por actividad de bajo impacto (natación, bicicleta de montaña, elíptica). No es necesario dejar el trail completamente.
Técnica de descenso: el uso de bastones redistribuye parte de la carga hacia los brazos, reduciendo la presión sobre la rodilla en los descensos. La cadencia alta (pasos cortos y rápidos) reduce el tiempo de permanencia en flexión profunda.
Suplementación: la glucosamina y el condroitín sulfato tienen evidencia moderada en la osteoartritis de rodilla, y algunos estudios sugieren beneficio en condromalacia. El colágeno hidrolizado con vitamina C tiene cada vez más respaldo en la salud del tejido cartilaginoso de atletas.
Infiltraciones: en casos con dolor significativo que no mejora con lo anterior, las infiltraciones de ácido hialurónico (viscosuplementación) pueden reducir la inflamación y mejorar la lubricación articular temporalmente, permitiendo retomar el entrenamiento.