El mito fundacional: Filípides y la batalla de Maratón
En el otoño del año 490 antes de Cristo, en una llanura costera al noreste de Atenas, se decidió el destino de la civilización occidental. El ejército persa del rey Darío I había desembarcado en la bahía de Maratón con la intención de someter a Atenas y castigar la insolencia de la polis griega, que había apoyado la rebelión de las ciudades jonias. Lo que ocurrió aquella mañana de septiembre se convirtió en uno de los relatos más repetidos de la historia humana, y la distancia entre Maratón y Atenas —unos 40 kilómetros— en la prueba deportiva más icónica del mundo moderno.
La batalla
El ejército ateniense, comandado por el estratego Milcíades y reforzado con un contingente de 1.000 hoplitas plateos, se enfrentó a una fuerza persa que le superaba numéricamente. La tradición griega habla de 10.000 atenienses contra más de 100.000 persas, aunque los historiadores modernos consideran que las cifras reales fueron más equilibradas.
La táctica de Milcíades fue audaz: reforzó los flancos de su formación y debilitó el centro, invirtiendo la estrategia convencional. Los persas, acostumbrados a romper líneas por el centro, vieron cómo sus flancos eran envueltos. La victoria griega fue aplastante: según Heródoto, los persas perdieron 6.400 hombres, mientras que los atenienses sufrieron solo 192 bajas.
Filípides en las fuentes históricas
El historiador griego Heródoto, escribiendo unas décadas después de la batalla, menciona a un mensajero llamado Filípides (o Fidípides en algunas transcripciones) en el contexto de los eventos previos a la batalla. Según Heródoto, Filípides fue enviado de Atenas a Esparta para pedir ayuda antes del combate, realizando la distancia de unos 240 km en dos días, un logro atlético impresionante en sí mismo.
Lo que Heródoto no menciona es la carrera de Maratón a Atenas después de la batalla. Este relato aparece más tarde, especialmente en el escritor griego Luciano de Samósata (siglo II d.C.), quien describe a un mensajero que, al llegar a Atenas exhausto, gritó “Nenikékamen” (hemos vencido) y cayó muerto. El nombre del corredor varía según las fuentes.
Independientemente de las dudas históricas, el relato se convirtió en uno de los mitos fundacionales de la cultura occidental: el mensajero que sacrifica su vida para llevar buenas noticias, el esfuerzo humano llevado al límite absoluto en servicio de una causa mayor.
Pierre de Coubertin y la resurrección del mito
Cuando el barón Pierre de Coubertin lideró el movimiento para revivir los Juegos Olímpicos a finales del siglo XIX, tenía claro que los nuevos Juegos debían conectarse con la herencia de la Grecia clásica. El comité organizador de los primeros Juegos Olímpicos modernos de Atenas 1896 buscaba una prueba que fuera tanto atléticamente exigente como cargada de significado histórico.
Fue Michel Bréal, filólogo francés y amigo de Coubertin, quien propuso crear una carrera desde la llanura de Maratón hasta Atenas recreando la legendaria hazaña de Filípides. Bréal ofreció incluso una copa de plata como trofeo para el ganador. La propuesta fue aceptada con entusiasmo, y el maratón se convirtió en la prueba estrella de los primeros Juegos Olímpicos modernos.
El recorrido elegido en 1896 seguía la ruta de la carretera principal entre Maratón y el Estadio Panathinaico de Atenas, una distancia de aproximadamente 40 kilómetros. La llegada al estadio Panathinaico, construido exactamente en el lugar donde se celebraban los Juegos Panateneos de la Antigüedad y reconstruido en mármol blanco para la ocasión, fue uno de los momentos más emocionantes de aquellos primeros Juegos.
El impacto cultural del mito
La leyenda de Filípides trasciende el deporte. Ha inspirado literatura, pintura y música durante siglos, y su influencia se percibe en la cultura popular moderna: desde los corredores que gritan “Nenikékamen” al cruzar la meta de su primer maratón hasta los nombres de lugares como Marathon (Florida, Ontario, Texas) o los logotipos de innumerables carreras de fondo.
En Grecia, la conexión entre el mito y el territorio es tan fuerte que el recorrido original de Maratón a Atenas sigue siendo recorrido cada noviembre en el Maratón de Atenas Clásico, la carrera con más carga histórica del mundo. Y cada año, en los Juegos Olímpicos, cuando los atletas se alinean en la salida del maratón, el vínculo con aquella mañana de septiembre del 490 a.C. se hace presente de algún modo.