La historia del maratón en España es la historia de una transformación extraordinaria: de un deporte minoritario y mal comprendido a finales del siglo XX, a un fenómeno de masas que mueve a cientos de miles de corredores cada año y que, en su momento más brillante, puso a España en la cima del atletismo mundial.
Los primeros pasos: atletismo de élite sin running popular
El maratón llegó a España como disciplina olímpica desde los primeros Juegos Modernos (Atenas, 1896), pero tardó décadas en desarrollar una escena propia. Los primeros maratonistas españoles en competiciones internacionales eran atletas de fondo que participaban por completar el programa nacional, sin que existiera una cultura del maratón ni una infraestructura de carreras populares.
La Real Federación Española de Atletismo (RFEA) homologó los primeros registros de maratón nacional en los años 50 y 60, pero los tiempos eran modestos en comparación con los líderes mundiales de la época. El maratón era considerado una disciplina extrema, reservada a atletas con una dedicación casi monástica.
Los años 70 y 80: el boom del running llega a España
La revolución del running popular nació en Estados Unidos en los años 70, impulsada por figuras como Frank Shorter (campeón olímpico en Múnich 1972) y la cultura del jogging popularizada por el libro de Jim Fixx. Para finales de los 70 y principios de los 80, esta fiebre había cruzado el Atlántico y comenzaba a transformar la relación de los europeos con el deporte.
En España, el cambio llegó un poco más tarde, impulsado por los medios de comunicación y por el creciente acceso a la información deportiva. Los primeros grandes maratones urbanos de masas aparecieron en la primera mitad de los 80: el Maratón de Madrid y el Maratón de Barcelona comenzaron a atraer a miles de corredores populares que corrían junto a los atletas de élite.
La preparación de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 actuó como catalizador definitivo: la inversión en infraestructuras deportivas, la formación de técnicos y la atención mediática al atletismo crearon un ecosistema propicio para el desarrollo de grandes fondistas.
La era de Martín Fiz: el campeón de Gotemburgo (1995)
El 13 de agosto de 1995, un atleta vitoriano de 31 años llamado Martín Fiz cruzó la línea de meta del Campeonato del Mundo de Atletismo de Gotemburgo para convertirse en campeón del mundo de maratón. La victoria fue un shock para el mundo atlético: España, que no había producido nunca un campeón mundial en la distancia, se colocaba de golpe en la cúspide del maratón internacional.
Fiz había llegado al maratón de manera relativamente tardía, después de una carrera sólida pero no excepcional en distancias de 10.000 metros. Su preparación concienzuda, su capacidad para gestionar el esfuerzo en condiciones difíciles y su fortaleza mental en los últimos kilómetros lo convirtieron en el referente del maratón español durante una década.
En 1999, Fiz estableció el récord de España masculino con 2:08:10 en el Maratón de Rotterdam, una marca que se convirtió en el listón de referencia del fondo español durante años.
Abel Antón: el bicampeón de Atenas y Sevilla
Si la victoria de Fiz fue sorprendente, el bicampeonato de Abel Antón fue directamente antológico. Nacido en Soria en 1962, Antón era un corredor de estilo peculiar —zancada aparentemente antieconómica, inclinación de cabeza hacia adelante— que alcanzó la cima del maratón mundial con una constancia y una determinación admirables.
En el Campeonato del Mundo de Atenas 1997, Antón ganó el oro y Fiz se colgó la plata: el doblete español para la historia del atletismo. Las imágenes de ambos corredores cruzando la meta juntos, con la bandera española, siguen siendo unas de las más icónicas del deporte nacional.
Dos años después, en el Campeonato del Mundo de Sevilla 1999 —celebrado en casa—, Antón defendió su título y se convirtió en bicampeón mundial. España se convirtió así en el único país europeo con tres títulos mundiales de maratón en cuatro años.
Fabián Roncero: el especialista de media distancia
Aunque Fiz y Antón son los nombres más célebres, la generación dorada incluye a Fabián Roncero, que en 1997 estableció el récord de España en maratón con 2:07:26 en Ámsterdam —marca inferior a la que después conseguiría Fiz en Rotterdam en la misma maratón en 1999, aunque con diferente medición oficial. Roncero era un atleta más orientado a la velocidad que a la resistencia pura, y su incorporación al maratón añadió una dimensión táctica distinta a la del equipo español.
La generación se completaba con Chema Martínez, uno de los maratonistas más longevos y consistentes del atletismo español, con presencia en múltiples campeonatos mundiales y europeos durante más de una década.
Valencia y Sevilla: las nuevas meccas del maratón español
Desde finales de los años 2000, el maratón popular en España ha protagonizado un segundo boom. El Maratón Trinidad Alfonso de Valencia se convirtió en el evento de referencia para la élite africana en Europa, con récords del mundo en ciernes y una organización de primer nivel que lo ha situado entre los diez mejores maratones del mundo. En diciembre de 2021, el keniano Kibel superó en Valencia los 2:02, en una carrera que demostró el nivel de la prueba valenciana.
El Maratón de Sevilla, por su parte, sigue siendo el maratón más rápido de España para los atletas nacionales, con sus recorridos planos y las temperaturas frescas de febrero. Junto con Madrid y Barcelona, conforman el eje de los grandes maratones nacionales que atraen hoy a más de 100.000 corredores combinados cada temporada.
La historia del maratón en España, de los modestos fondistas de posguerra a los campeones del mundo de Gotemburgo y Sevilla, es uno de los relatos más apasionantes del deporte español del siglo XX.