La lucha de las mujeres por el maratón: décadas de resistencia y conquista
Hasta hace relativamente poco tiempo, la medicina deportiva oficial y las autoridades atléticas consideraban que el cuerpo femenino no era capaz de soportar los rigores del maratón. Esta creencia, sin base científica real pero profundamente arraigada en los prejuicios de la época, mantuvo a las mujeres fuera de las competiciones de larga distancia durante décadas. Lo que siguió fue una historia de resistencia individual y conquista colectiva que cambió para siempre el deporte de la resistencia.
Los mitos que justificaron la exclusión
La idea de que las mujeres no podían correr largas distancias no surgió de la nada: tenía raíces en teorías médicas del siglo XIX que advertían de los peligros del ejercicio intenso para el sistema reproductor femenino. El Comité Olímpico Internacional eliminó las pruebas femeninas de más de 200 metros en los años 20 citando estas preocupaciones, y la exclusión se mantuvo durante décadas.
Para el maratón específicamente, la prohibición era absoluta: las mujeres no podían inscribirse en ningún maratón oficial hasta bien entrados los años 60. No porque hubiera evidencia de que era peligroso, sino porque nadie había cuestionado el dogma.
Katherine Switzer y el puño de Jock Semple
El 19 de abril de 1967, una joven estudiante de comunicación de 20 años llamada Kathrine Switzer cambió la historia del atletismo. Switzer se había inscrito en el Maratón de Boston usando solo sus iniciales (K.V. Switzer) y un número de identificación neutro, y el oficial del evento procesó la inscripción sin percatarse de que se trataba de una mujer.
Cuando Switzer apareció en la salida con su número 261 y comenzó a correr entre los participantes masculinos, el director de la carrera Jock Semple —un escocés irascible y absolutamente convencido de que las mujeres no debían participar— saltó al recorrido e intentó arrancarle físicamente el dorsal de la camiseta. Las imágenes del forcejeo, captadas por el fotógrafo Harry Trask, dieron la vuelta al mundo: un hombre mayor en traje intentando sacar a empujones a una joven deportista de una carrera.
El novio de Switzer, Tom Miller, intervino con un bloqueo que apartó a Semple del camino. Switzer terminó la carrera. Sus palabras sobre ese momento: “Si no termino, nadie va a creer que las mujeres pueden correr. Si termino, sé que las mujeres podrán correr.”
Grete Waitz: la mujer que redefinió los límites
La noruega Grete Waitz fue quien transformó la demostración simbólica de Switzer en dominio deportivo indiscutible. Cuando se inscribió en el Maratón de Nueva York 1978 como primera incursión en la distancia, Waitz no tenía intención de batir ningún récord: simplemente quería probar sus límites.
Terminó en 2:32:29, destrozando el récord mundial femenino en casi dos minutos. Era la primera vez que una mujer corría por debajo de 2:35 en condiciones oficiales. Volvió al año siguiente y mejoró su propio récord con 2:27:33. En 1980, rompió la barrera de las 2:30 con 2:25:41. En total, Waitz ganó nueve veces el Maratón de Nueva York entre 1978 y 1988, un dominio sin precedentes en la historia de la prueba.
Lo más importante de Waitz no fue solo ganar carreras: fue demostrar con datos que los argumentos “médicos” contra el maratón femenino eran pura ideología. Las mujeres no solo podían correr 42 kilómetros; podían hacerlo a velocidades que habrían ganado el oro olímpico masculino de los primeros Juegos.
Los Ángeles 1984: el primer oro olímpico femenino
Después de décadas de lucha, el maratón femenino entró por primera vez en el programa olímpico en Los Ángeles 1984. La favorita era Grete Waitz, pero fue la estadounidense Joan Benoit quien se llevó el primer oro olímpico de la historia del maratón femenino, con un tiempo de 2:24:52.
La carrera de Los Ángeles incluyó uno de los momentos más emotivos de la historia olímpica: la suiza Gabriela Andersen-Schiess entró en el estadio con síntomas severos de deshidratación y agotamiento, moviéndose de forma errática pero sin caer, rechazando la ayuda médica para poder terminar la carrera. Tardó casi 6 minutos en recorrer los últimos 400 metros dentro del estadio, ante una multitud que le alentaba en pie. Terminó en 37º lugar. Su imagen se convirtió en símbolo de la determinación humana.
La evolución hasta la era moderna
Desde 1984, el maratón femenino ha visto una progresión imparable de las marcas:
- 1985: Ingrid Kristiansen (Noruega) baja de 2:22 con 2:21:06
- 2003: Paula Radcliffe (Gran Bretaña) establece el récord histórico de 2:15:25 en Londres, un tiempo que permanecerá vigente 16 años
- 2019: Brigid Kosgei baja a 2:14:04 en Chicago
- 2023: Tigst Assefa pulveriza el récord con 2:11:53 en Berlín
La distancia entre el récord masculino y el femenino actual (aproximadamente 11 minutos) es la menor de la historia, un reflejo de décadas de profesionalización, apoyo institucional e igualdad de recursos para las corredoras de fondo africanas.