El armbar, conocido en japonés como juji-gatame (palanca de codo en cruz), es una de las sumisiones más antiguas, más enseñadas y más utilizadas en el grappling mundial. Su eficacia radica en la simplicidad de su principio: la articulación del codo humano solo se dobla en una dirección, y forzarla en la dirección opuesta con la palanca adecuada es absolutamente insostenible. En el MMA se ha convertido en una de las sumisiones más frecuentes, ejecutada tanto por especialistas de jiu-jitsu brasileño como por luchadores de judo o incluso de wrestling que han añadido la técnica a su repertorio.
La ejecución desde la guardia es la más técnica y también la más espectacular: requiere que el luchador de abajo coordine el movimiento de caderas, el control de las manos del rival, el posicionamiento de las piernas y la extensión del cuerpo de forma prácticamente simultánea. Un armbar limpio desde la guardia es una demostración de precisión técnica y timing. Desde el mount el proceso es diferente: el luchador de arriba debe aislar un brazo del rival, girar sobre su propio eje colocando las piernas sobre el cuerpo del oponente y caer hacia el lado del brazo controlado para completar la extensión.
Ronda Rousey popularizó el armbar ante el gran público durante su dominio en el UFC, terminando muchos de sus combates en segundos con una fluidez que parecía casi coreografiada. Antes que ella, figuras como Fabricio Werdum, Demian Maia o Jon Jones han demostrado que el armbar sigue siendo una amenaza real en todos los niveles del MMA. La defensa principal consiste en no dejar el brazo extendido, girar el pulgar hacia arriba para cambiar el ángulo de la palanca y nunca dejar que el rival controle el agarre de la muñeca.