El ground and pound es una de las tácticas más definitorias del MMA moderno y una de las razones por las que este deporte se diferencia del jiu-jitsu o la lucha libre tradicionales. La posibilidad de golpear al rival en el suelo cambia completamente la dinámica del combate: quien controla la posición superior puede causar daño físico real incluso sin aplicar una sumisión. Esto obliga al luchador de abajo a ser activo y a buscar sumisiones o escapadas constantemente, pues quedarse quieto recibiendo golpes supone una derrota segura.
La técnica eficaz del ground and pound no consiste simplemente en lanzar golpes sin criterio. Los mejores practicantes alternan golpes con cambios de posición, utilizan los codos como herramienta cortante (especialmente efectivos en el clinch de suelo), controlan el peso corporal para impedir que el rival se mueva y combinan el daño físico con la amenaza de sumisión para que el oponente no sepa qué defenderse primero. Esta combinación de presión mental y física es especialmente desgastante y suele llevar al TKO por intervención del árbitro cuando el luchador de abajo deja de defenderse de forma inteligente.
El ground and pound popularizó al MMA como espectáculo en sus primeras etapas. Fighters como Mark Coleman —considerado su pionero— y posteriormente Chuck Liddell, Tito Ortiz o Cain Velasquez lo convirtieron en su firma de combate. En el MMA contemporáneo, cualquier luchador que aspire a competir al máximo nivel debe ser competente en este aspecto: tanto para ejecutarlo desde arriba como para sobrevivir cuando está debajo.