El término southpaw proviene del béisbol estadounidense del siglo XIX, donde los lanzadores zurdos solían orientarse con el brazo izquierdo apuntando hacia el sur. En el MMA y los deportes de combate, southpaw describe la postura característica del luchador zurdo: pie derecho adelantado, pie izquierdo retrasado, con el cuerpo girado de modo que el lado más fuerte —el izquierdo— está en posición de generar el golpe más potente. Esta postura es la imagen especular de la ortodoxa, la del diestro, y esa simetría inversa crea dinámicas tácticas únicas y a menudo desconcertantes.
La dificultad de enfrentar a un southpaw reside en los ángulos. Cuando un luchador ortodoxo enfrenta a uno southpaw, el pie delantero de cada uno apunta hacia el exterior del pie delantero del otro, lo que hace que los golpes lleguen desde ángulos distintos a los habituales. El cross del southpaw —un golpe de izquierda desde atrás— viaja por el “pasillo” que deja el brazo delantero del ortodoxa y llega desde una trayectoria que el diestro entrena menos en su defensa habitual. Esto explica por qué algunos de los mejores KOs de la historia del MMA y el boxeo los han producido zurdos contra diestros.
En el grappling, la postura southpaw también tiene sus implicaciones. Los derribos, las entradas a clinch y las transiciones al suelo que el luchador zurdo ejecuta parten de ángulos reflejados respecto a lo que practica la mayoría de los luchadores, que son diestros. Figuras como Conor McGregor, Anderson Silva o Jon Jones (quien cambia de postura con fluidez) han demostrado que la postura southpaw o la capacidad de adoptarla en el momento adecuado puede ser una ventaja táctica decisiva en el MMA de alto nivel.