El KO y el TKO son las dos formas de victoria por daño físico en el MMA y constituyen las finalizaciones más comunes junto a las sumisiones. Aunque en el lenguaje cotidiano a veces se usan de forma intercambiable, técnicamente representan situaciones diferentes. El KO puro implica pérdida de conciencia: el luchador cae al suelo inconsciente tras recibir un golpe y el árbitro para el combate automáticamente. El TKO es más amplio y abarca todas las situaciones en las que el árbitro considera que continuar el combate pondría al luchador en riesgo innecesario sin que haya pérdida de conciencia.
En la práctica del MMA, los TKO son mucho más frecuentes que los KO puros. Un luchador que recibe una serie de golpes fuertes y queda cubierto sin responder activamente, o que cae al suelo y no levanta los brazos para protegerse, recibe la intervención del árbitro aunque siga consciente. Este criterio protege la integridad física de los combatientes al evitar el daño acumulado innecesario. Los árbitros más experimentados tienen el difícil equilibrio de parar el combate antes de que ocurra daño grave pero no tan pronto como para privar a un luchador que podría recuperarse de su oportunidad de ganar.
El impacto de los KO en la salud a largo plazo de los luchadores es un tema de creciente importancia en el MMA. La investigación médica sobre la encefalopatía traumática crónica (CTE) y el daño cerebral acumulado ha llevado a las organizaciones a endurecer los protocolos de suspensión médica tras un KO. Muchos luchadores retirados reconocen haber competido demasiados combates después de sufrir KO graves. La tendencia actual es hacia una protección más rigurosa de los atletas, con períodos de descanso obligatorio más largos y seguimiento neurológico.