En abril de 1896, en el estadio Panatenaico de Atenas, reconstruido en mármol blanco siguiendo el diseño del estadio de la antigüedad, se disputaron los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Fue el renacimiento de una tradición de más de dos mil años y el punto de partida del atletismo competitivo tal como lo conocemos hoy.
El congreso de París y la fundación del COI
Todo comenzó en 1894, cuando el barón francés Pierre de Coubertin convocó en París un congreso internacional sobre el deporte y la educación física. Coubertin era un apasionado de los valores del deporte como herramienta formativa y había quedado fascinado por los ideales del atletismo olímpico griego. Su propuesta de revivir los Juegos Olímpicos encontró apoyo entre los delegados de varios países, y el Comité Olímpico Internacional (COI) fue fundado el 23 de junio de 1894.
La elección de Atenas como sede de la primera edición moderna fue simbólica y práctica a la vez: honraba las raíces griegas del movimiento olímpico y contaba con el entusiasmo del gobierno griego, que reconstruyó el estadio Panatenaico con fondos de mecenas privados.
El estadio Panatenaico y los participantes
Los Juegos de Atenas 1896 acogieron a 241 atletas de 14 naciones, todos ellos hombres. La mayoría eran griegos; la delegación más numerosa entre los extranjeros era la de Estados Unidos, cuyos representantes provenían principalmente de la Universidad de Princeton y del Boston Athletic Association.
El estadio Panatenaico, con capacidad para 60.000 espectadores, fue el escenario del atletismo. Estaba construido completamente en mármol blanco de Pentélico y tenía una forma alargada característica de los estadios griegos clásicos —muy diferente a los estadios de atletismo actuales— con curvas muy pronunciadas que dificultaban la carrera.
Las pruebas y los campeones
Thomas Burke (Estados Unidos) fue el protagonista en las pruebas de velocidad. Ganó los 100 metros con 12,0 segundos y los 400 metros con 54,2 segundos. Su posición de salida agachada —que hoy es estándar— sorprendió a sus rivales europeos, que salían mayoritariamente de pie.
Edwin Flack (Australia, que competía bajo bandera británica) ganó los 800 metros y los 1500 metros, convirtiéndose en el primer campeón olímpico de las pruebas de medio fondo.
El maratón: la prueba más emotiva
La prueba que más apasionó al público griego fue el maratón, una prueba de nueva creación que evocaba la legendaria carrera de Filípides desde Maratón hasta Atenas. El recorrido de aproximadamente 40 kilómetros por las carreteras que unían el campo de batalla de Maratón con el estadio de Atenas reunió a miles de espectadores a lo largo del camino.
El vencedor fue Spiridon Louis, un aguador griego de 23 años de un pueblo cercano a Atenas, que llegó al estadio con varios minutos de ventaja sobre sus rivales. La victoria de un griego en la prueba más icónica de los Juegos desató una euforia sin precedentes en las gradas: 60.000 espectadores enloquecidos y el rey Constantino I bajando de la tribuna para acompañar a Louis en los últimos metros de su carrera triunfal.
El legado de Atenas 1896
Los Juegos de Atenas 1896 demostraron que el atletismo podía volver a ser el deporte central de la competición internacional. Establecieron el programa de pruebas que, con variaciones, ha llegado hasta hoy. Y crearon la leyenda del maratón, que se convertiría en la prueba más popular del running masivo un siglo después.