Los años 2010 son la década que transformó el trail running de disciplina marginal a fenómeno deportivo de masas. En solo diez años, el número de carreras se multiplicó por diez, los primeros corredores profesionales aparecieron en escena y el trail running conquistó portadas de revistas, grandes patrocinadores y audiencias millonarias.
El detonante: “Born to Run” y la cultura del running alternativo
Aunque publicado en 2009, el libro “Born to Run” de Christopher McDougall fue uno de los detonantes culturales del boom del trail running en la década siguiente. El relato de los ultramaratonistas de los tarahumara en las Barrancas del Cobre de México, y de la contracultura del ultramarathon americano, inspiró a millones de lectores en todo el mundo a buscar experiencias de running más auténticas, más conectadas con la naturaleza y el esfuerzo humano en su forma más pura.
Las redes sociales y la viralización de la experiencia
La expansión del trail running en los años 2010 es inseparable de la explosión de las redes sociales. Instagram, en particular, se convirtió en el escaparate perfecto para compartir experiencias en montaña: las fotos en cimas al amanecer, los vídeos de descensos técnicos y los relatos de aventuras épicas llegaban a audiencias que nunca antes habían oído hablar del trail running.
Los atletas de élite como Kilian Jornet, Emelie Forsberg o Anton Krupicka se convirtieron en referentes aspiracionales para una generación de corredores que buscaban algo más que una maratón urbana. Sus perfiles en redes sociales tenían millones de seguidores y su influencia en el mercado del equipamiento era enorme.
La profesionalización del deporte
A principios de los años 2010, el trail running era casi exclusivamente amateur. Los mejores corredores del mundo combinaban los entrenamientos con trabajos a jornada completa o vivían con contratos de patrocinio modestos. En pocos años, eso cambió radicalmente.
Marcas como Salomon, The North Face, Hoka, Scott y La Sportiva invirtieron masivamente en patrocinar equipos de atletas, crear carreras propias y desarrollar líneas de productos específicas para trail running. Salomon, en particular, construyó un equipo de élite multinacional que durante años dominó el circuito mundial, con Kilian Jornet como figura estelar.
Los premios económicos de las carreras crecieron, los contratos de los atletas se hicieron competitivos y el trail running comenzó a generar suficiente dinero para que algunos corredores se convirtieran en profesionales a tiempo completo.
La explosión del ultra trail
Si hay un formato que define el boom de los años 2010, es el ultra trail. La carrera de más de 100 km por montaña, que a principios de la década era una rareza practicada por un puñado de locos, se convirtió en el desafío aspiracional de decenas de miles de corredores en todo el mundo.
La espera de meses para conseguir un dorsal en el UTMB, el Western States o el Hardrock 100 fue uno de los fenómenos más llamativos de la era. Las plazas se agotaban en minutos y los sistemas de lotería o puntos de clasificación se convirtieron en elementos centrales del ecosistema del trail running.
El legado de la década
Para cuando llegó 2020, el trail running era un deporte completamente diferente al que existía en 2010. Tenía su propio organismo internacional (la ITRA), un circuito global de carreras (UTMB World Series, Skyrunner World Series), atletas profesionales reconocibles a nivel global y un mercado de equipamiento específico valorado en miles de millones de euros. El boom había convertido un deporte de montaña en una industria.