Cuando los atletas kenianos y etíopes empezaron a dominar las pruebas de fondo en los Juegos Olímpicos de la segunda mitad del siglo XX, los científicos deportivos se preguntaron si había algo especial en su fisiología, en su entrenamiento o en el entorno en el que crecían. La respuesta más clara tenía que ver con el altiplano en el que vivían y se entrenaban.
La fisiología de la altitud
El aire a nivel del mar contiene aproximadamente un 21% de oxígeno. En altitud, el porcentaje es el mismo, pero la presión atmosférica es menor, lo que significa que cada respiración aporta menos moléculas de oxígeno. El cuerpo percibe esta situación como una deficiencia y responde produciendo más eritropoyetina (EPO), una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos en la médula ósea.
Con más glóbulos rojos, la sangre puede transportar más oxígeno a los músculos trabajando. Cuando el atleta vuelve al nivel del mar, mantiene temporalmente esa mayor cantidad de glóbulos rojos y puede aprovechar el oxígeno más abundante del aire de menor altitud para rendir por encima de su nivel habitual.
Esta ventaja fisiológica es temporal: los glóbulos rojos adicionales desaparecen gradualmente en un período de 4-8 semanas. Por eso los atletas planifican sus estancias en altitud para que el período de máximo rendimiento coincida con sus competiciones más importantes.
Los campos de entrenamiento míticos
Iten (Kenia, 2.400m): Un pueblo de apenas 4.000 habitantes situado en el Valle del Rift keniano que es probablemente la cuna de más campeones olímpicos de atletismo por metro cuadrado del planeta. Decenas de atletas de todo el mundo viajan a Iten para entrenarse junto a los kenianos. Sus calles de tierra roja y sus carreteras que serpentean entre campos de té son el escenario de entrenamientos diarios a los que participan centenares de atletas.
Bekoji (Etiopía, 2.780m): Un pequeño pueblo en las tierras altas etíopes que ha producido una concentración inverosímil de campeones mundiales. Tirunesh Dibaba, Derartu Tulu y Kenenisa Bekele son originarios de esta región. El entrenador Sentayehu Eshetu ha trabajado con generaciones de campeones en las pistas de tierra de Bekoji.
Font Romeu (Francia, 1.800m): El principal centro de altitud europeo, en los Pirineos catalanes (Cerdanya). Muchos atletas europeos realizan sus preparaciones en altitud aquí, aunque la altitud es significativamente menor que los campos africanos.
”Live High, Train Low”: el método moderno
La investigación deportiva ha refinado el enfoque del entrenamiento en altitud. El método “Live High, Train Low” (vivir alto, entrenar bajo) propone dormir en altitud (para estimular la producción de glóbulos rojos) pero realizar las sesiones de entrenamiento de alta intensidad a menor altitud o al nivel del mar (donde el oxígeno disponible permite entrenar más fuerte y más rápido).
Este método se implementa a veces con tiendas de altitud simulada (hipóxicas) donde el atleta duerme con aire enrarecido, o con estancias que combinan altitud real con descensos para los entrenamientos de calidad.
La ventaja genética vs la altitud
El debate sobre cuánto del dominio keniano y etíope se debe a la altitud y cuánto a ventajas genéticas o culturales (el running como modo de transporte habitual desde la infancia, la delgadez típica de su constitución física, la motivación económica del atletismo como vía de ascenso social) sigue abierto en la ciencia deportiva. La respuesta más honesta es que todos estos factores se combinan de manera difícilmente replicable.