En la historia del atletismo, pocas innovaciones tecnológicas han tenido un impacto tan rápido y tan medible sobre el rendimiento como la zapatilla con placa de carbono. En apenas una década, este tipo de calzado ha reescrito el libro de récords del running de carretera y ha obligado a los organismos reguladores a establecer nuevas normas para delimitar cuánta tecnología es aceptable en una competición deportiva.
El proyecto Breaking2 y el nacimiento de la Vaporfly
Todo comenzó con el Proyecto Breaking2 de Nike, un esfuerzo científico y de marketing para intentar que un atleta humano corriera un maratón en menos de dos horas. Para lograrlo, Nike desarrolló una zapatilla radicalmente diferente a todo lo anterior: la Nike Vaporfly.
La Vaporfly combinaba dos innovaciones clave: una espuma de alta amortiguación y retorno de energía (llamada ZoomX, hecha de Pebax en lugar del EVA convencional) y una placa de fibra de carbono curvada incrustada en la suela. La placa actuaba como una palanca que empujaba el pie hacia adelante en cada zancada, reduciendo el coste energético del movimiento.
Los resultados del proyecto Breaking2, en mayo de 2017 en el circuito de Monza (Italia), fueron espectaculares pero no homologables: Eliud Kipchoge completó el maratón en 2:00:25 en condiciones no oficiales (liebres en formaciones especiales, sin carrera oficial). El récord no fue válido, pero la zapatilla era perfectamente legal.
Los estudios científicos
La Universidad de Colorado publicó en 2017 un estudio que estimaba que la Vaporfly mejoraba la economía de carrera en un 4% en comparación con las mejores zapatillas de la competencia. En términos prácticos, esto equivalía a entre 2 y 3 minutos en un maratón.
Estudios posteriores con más atletas y en condiciones más variadas han confirmado que la mejora es real, aunque el rango varía según el atleta (entre el 2% y el 8% según la biomecánica individual). Lo que no tiene discusión son los resultados: prácticamente todos los récords del mundo de maratón y media maratón desde 2017 se han establecido con zapatillas de este tipo.
La cascada de récords
El efecto sobre los récords fue inmediato y sostenido. En el Maratón de Berlín 2018, Eliud Kipchoge mejoró el récord del mundo a 2:01:39 calzando las Vaporfly 4%. En el Maratón de Chicago 2019, Brigid Kosgei mejoró el récord femenino en casi 1:20 minutos (2:14:04) con la Vaporfly Next%. En el Maratón de Valencia 2021, Kibel Kiplimo mejoró el récord mundial de media maratón. Y así sucesivamente.
La aceleración en la caída de los récords fue tan evidente que generó el debate sobre si estábamos asistiendo a un avance atlético genuino o a la influencia de una tecnología que estaba distorsionando la comparación histórica.
La respuesta de World Athletics
En 2020, World Athletics estableció nuevas normas para el calzado de competición: suela máxima de 40mm en carretera, una sola placa de material rígido y obligatoriedad de disponibilidad comercial del modelo durante al menos cuatro meses antes de la competición.
Estas normas legitimaron las zapatillas con placa de carbono, fijando límites que impedían excesos futuros pero permitiendo el uso de la tecnología existente. El debate sobre si estas normas son suficientes para garantizar la comparabilidad histórica de los récords continúa entre expertos y aficionados.