Emil Zátopek es, probablemente, el atleta más extraordinario que el running ha conocido en términos de hazañas puntuales. Ganar tres medallas de oro en los mismos Juegos Olímpicos en tres pruebas de fondo diferentes —incluyendo una que nunca había corrido en competición— es una proeza que nadie antes ni después ha igualado. Pero más allá de sus victorias, Zátopek transformó para siempre la forma en que los atletas de fondo se entrenan.
El niño de Koprivnice: los zapatos de otro
Emil Zátopek nació el 19 de septiembre de 1922 en Koprivnice, en la Moravia checoslovaca (hoy República Checa). Hijo de un carpintero y uno de ocho hermanos, creció en una familia modesta. Su primer contacto con el atletismo competitivo llegó de manera casual: con 18 años, su empresa zapatera lo seleccionó sin que él lo pidiera para participar en una carrera local. Quedó en segundo lugar y descubrió que tenía un talento especial.
Zátopek comenzó a entrenar con una intensidad que sus contemporáneos consideraban absurda. Mientras los mejores atletas del mundo entrenaban moderadamente, él se imponía sesiones de decenas de repeticiones cortas con recuperaciones mínimas. Era un método sin precedentes que desarrolló de manera completamente autónoma.
El método de los intervalos: una revolución silenciosa
La mayor contribución de Zátopek al atletismo moderno no fue ninguna de sus medallas sino el método de entrenamiento que inventó y que después todo el mundo adoptó: el entrenamiento de intervalos.
Zátopek realizaba sesiones que hoy llamaríamos interválicas: por ejemplo, 20 repeticiones de 200 metros a ritmo máximo con 200 metros de trote entre ellas, o 40 repeticiones de 400 metros con recuperaciones cortas. El volumen e intensidad de sus sesiones eran incomprensibles para sus contemporáneos. Sus entrenadores y otros atletas pensaban que se estaba destruyendo. Él siguió entrenando así durante años.
El resultado fue un nivel de resistencia aeróbica y anaeróbica combinada que ningún otro atleta de su época podía igualar. Su VO2 máximo (la capacidad máxima del organismo para consumir oxígeno) fue medido décadas después por investigadores y confirmó que era excepcional incluso para los estándares del atletismo moderno.
Helsinki 1952: el triple de oro que el mundo no olvidará
Los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 fueron el escenario del mayor triunfo individual de la historia del atletismo. Zátopek llegó como favorito en los 5.000m y los 10.000m, pruebas en las que había dominado el atletismo mundial desde 1948.
Ganó los 10.000 metros con tremenda solvencia. Ganó los 5.000 metros en una final reñida contra el británico Christopher Chataway y el alemán Herbert Schade, en un sprint final que demostró su capacidad de reacción.
Entonces, a tres días del maratón, tomó una decisión que pasaría a la historia: nunca había corrido un maratón en competición. Habló con el campeón olímpico inglés Jim Peters, que era el favorito, y le preguntó: “¿Tengo que correr el maratón más rápido que tú o más lento?”. Peters, desconcertado, le dijo que iba demasiado rápido a los 15 kilómetros. Zátopek aceleró. Peters tuvo que abandonar. Zátopek ganó con más de cinco minutos de ventaja, estableciendo el récord olímpico.
El hombre fuera de la pista
Zátopek fue también un hombre de convicciones políticas firmes. Durante la Primavera de Praga de 1968, se opuso públicamente a la invasión soviética de Checoslovaquia, lo que le costó la exclusión del Partido Comunista, su rango militar y su trabajo. Pasó varios años trabajando en minas de uranio como castigo. Su coraje fuera de la pista fue tan admirable como dentro de ella. Murió en Praga el 22 de noviembre de 2000, reconocido universalmente como una de las grandes figuras de la historia del atletismo y del deporte mundial.